En El Bar El Pollo no escondemos la casquería detrás de eufemismos ni la disfrazamos de algo que no es. La ponemos en el centro de la mesa, con el cuchillo entre los dientes, para lxs que no le tienen miedo a nada.
De la olla a la plancha
Todo empieza con paciencia: lengua de vaca cocida durante tres horas con laurel, hasta que la carne se rinde y queda tierna por dentro. La cortamos en cubos generosos y la montamos en una brocheta metálica, lista para el fuego.
Ahí es donde pasa la magia. La marcamos bien fuerte a la plancha, buscando ese contraste que nos gusta: por fuera, una costra tostada y crujiente; por dentro, la textura suave y jugosa que solo da una cocción lenta.
El toque que despierta el alma
Ninguna brocheta sale de nuestra cocina sin salsa. Esta lleva una demi con lima —intensa, con acidez justa para cortar la grasa y despertarte de golpe.
Y para rematar, encima: una ensalada fresca y cabrona de cilantro y cebolleta, que aporta ese punto verde, picante y directo que necesita un plato tan contundente como este.
Esto no es fine dining
No hay pretensiones aquí. No hay pinzas ni emplatados milimétricos. Es casquería de verdad, honesta, con las manos y con hambre. Un homenaje a lo que muchas cocinas han olvidado: que el sabor no siempre necesita ser bonito para ser inolvidable.
Si te atreves, ya sabes dónde encontrarnos.

